Imagina un rascacielos, un rascacielos enorme. Todo el día le da el sol y por la noche aguanta las más bajas temperaturas. Soporta vientos de no sé cuantos kilómetros por hora y lluvias con una TREMENDA intensidad. Y sigue ahí, la gente se estremece cada vez que lo ve, ¿Es una obra maestra, a que sí? Ahora imagina que tú eres ese rascacielos. Ese que aunque haya tormenta sigue en pie, sigue exactamente como estaba. Aguantando todo. ¿Escuchas ese sonido? El sonido de la tormenta que ya se va. Porque ningún mal dura 100 años. Antes eras un barquito de papel hundido, pero ahora te convertiste en un RASCACIELOS.
Ahora imagina que eres un barco echo de madera en medio de una tempestad. Estás sólo en el mar sin nadie y sin ayuda. Sabiendo que si sigue así, puede que mueras en el intento de buscar ayuda o alguna costa. Después de un tiempo de recorrido, te encuentras un barco de papel a pocos metros de ti. Sabes que no tiene la resistencia que tú tienes, y está en igual o peores circunstancias que tú. ¿Lo ayudarías? Él a lo mejor tiene alimento, y te puede dar, o incluso agua. O juntos podríais encontrar una costa. Mientras uno está de guardia por si aparece el otro duerme. ¿Entonces? ¿Por qué no lo ayudas? Imagina su cara de felicidad al ver que alguien lo rescata. Imagina que tiene familia, hijos, amigos, padres que lo necesitan... Sólo con salvarle harías a todas esas personas felices. Aunque, tú también estás mal, ¿Y a ti? ¿Quién te ayuda? Tú no eres feliz, también estás solo, en la tempestad, pero piensa, a lo mejor si lo salvas conoces a alguien que puede llenar ese hueco y hacerte feliz, ¿No? Entonces, adelante, salva a ese barquito antes de que se hunda. Descubre lo que puede hacer hacer algo bueno por otro y lo bien que se siente después. Descubre que la felicidad se encuentra incluso, en ver sonreír a otros.

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